El testamento de Orfeo

La tercera parte de la trilogía orfica de Jean Cocteau se titula “El testamento de Orfeo” y la rodó en 1959. Se trata de su última película, un film – poema. Un viaje que transgrede los límites espacio temporales, ubicando en ese lugar al poeta y al espectador.
El sueño, el orden inverso temporal, los personajes que aparecen y desaparecen,  los muertos que resucitan son elementos del imaginario que Cocteau sitúa al lado de lo real, mostrando un mundo intermedio.

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Quiero destacar de la figuración de ese imaginario que estructura este poema visual una representación pictórica de Orfeo y la referencia a la musicalidad y al canto (obra del mismo Cocteau,  director de cine, actor, poeta y artista) la aparición de Pablo Picasso en un ademán denotativo con su mano y de su última mujer y musa Jacqueline Roque.
Cocteau supera el dualismo entre lo real y lo imaginario con un surrealismo que lo unifica. La imagen es poesía y precisa ser descubierta y descifrada. Todo está integrado en el mundo visible y el mundo invisible, lo oculto y lo revelado. Los espejos revelan y reflejan la verdad mas allá de las apariencias, en forma de portales, puentes o escalinatas de acceso a un conocimiento superior.

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